viernes, 28 de junio de 2013

Cuestión de paciencia


La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces
Jean Jacques Rousseau

Amor u odio

La vida es una lucha constante entre el amor y el odio. Soy de los que cree que el punto intermedio no existe, uno ama u odia. Sin embargo, si me piden categorizar esta historia no sabría en cual de ellos dos enmarcarla. 


Mi familia y yo

Soy un medellinense cualquiera con un núcleo familiar un tanto particular. Mi familia actual se reduce a un solo miembro: mi madre Carmelina. Y digo actual pues hace cinco años estaba con nosotros mi tía Amparo, quien murió de cáncer cuando yo tenía 17. Ambas son mis ángeles guardianes – una de ellas, ya en el cielo.

Mi tía Amparo siempre me inculcó el don de la paciencia. Esa paciencia que tanto me serviría. Ella lo llamaba un don pero creo que se equivocaba pues para mí los dones son aquellos con los que nacemos, por el contrario, la paciencia es algo que se tiene que cultivar. Pero mi tía no solo predicaba acerca de paciencia, ella fue una guía constante durante toda mi niñez y juventud. 

Mi madre, por su parte, es amor en pasta. A pesar de ser muda, debido a un trauma sufrido nueve meses antes de mi nacimiento, siempre he contado con su apoyo incondicional. Nunca he recibido un maltrato de parte de ella, por el contrario, mi tía Amparo la tachaba de alcahueta. Desde que tengo uso de razón se levanta a prepararme el desayuno y cuando salgo de casa me da un beso en la frente. Cada vez que pienso en ella se me dibuja una sonrisa en el rostro. Por ella, es la razón de ser de esta historia.


Primer paso: ingresar a Almacenes La Pluma y conocer a don Luis

Ingresar a Almacenes La Pluma no fue complicado. Necesitaban un mensajero y para dicho cargo no se requiere de experiencia laboral. Apliqué y lo obtuve inmediatamente. La ventaja de ser el mensajero de una empresa es que uno puede tener acceso a todas las instalaciones y conocer a todos sus empleados, inclusive al mismo dueño. En este caso, el dueño de Almacenes La Pluma se llamaba don Luis.

El día que conocí a don Luis fue tal cual como lo describió mi tía antes de morir. Un señor bocón, medio montañero y grosero. Con el tiempo y las diversas conversaciones logré descifrar más detalles de su vida. Era soltero y mujeriego, y lo que tenía de soez lo tenía de desconfiado. Sin embargo, estos detalles eran de poca importancia para mí. Lo que realmente atrajo mi atención fue su amor por el dinero. Amor que él mismo profesaba a cada momento cuando pronunciaba su motto: “sin dinero no hay vida”. Amor que fue el motivo de su perdición. 


Segundo paso: aprender

Después de mi primer año en Almacenes La Pluma decidí ‘que hacer con mi vida’. Lo pongo entre comillas pues me causa gracia que la gente diga eso de ‘que hacer con mi vida’ cuando se refiera a decidir qué estudiar. Mi elección fue ingeniería de sistemas. 

Creo que el haber elegido tal carrera fue un gravísimo error. La razón principal para escogerla era que quería ser un hacker y para ser un hacker no se debe estudiar ingeniería de sistemas. Se debe estudiar programación. De hecho, los mejores hackers de la historia ni siquiera han estudiado. Simplemente necesitan acceso a la web y ya.

Debo admitir que este segundo paso me costó trabajo. No sólo era el tiempo sino también el espíritu. Recuerdo que pasaba horas enteras, día y noche, aprendiendo cómo quebrar contraseñas. Poco a poco fui aprendiendo nuevos trucos. Esto de hackear es un arte y por tal razón requiere práctica. Práctica que me consumió unos cuatro largos años de mi vida.

El hito lo marcó el día que aprendí a robar dinero de una cuenta bancaria. 


Tercer paso: identificar el momento propicio

A pesar de que me ofrecieron mejores cargos en la empresa siempre desistí de ellos pues el ser mensajero tenía un privilegio que los demás no me ofrecían: acceso directo a don Luis. 

Después de cumplir cinco años en una empresa como mensajero te enteras de muchas cosas. De las aventuras de sus empleados, de los cumpleaños de cada uno de ellos, y por supuesto, de cuándo el jefe suele quedarse un rato solo los viernes en la noche. En el caso de don Luis era el último viernes de cada mes. Era como un ritual. Después de su reunión con la junta directiva de 5 pm a 6 pm se encerraba en su oficina por unas largas dos horas  acompañado siempre de una botella de Old Parr. Él nunca hubiera pensado que el viernes pasado era su último. 

El viernes pasado terminé mis deberes temprano. Siendo las 4 pm me dirigí entonces a la oficina de don Luis, teniendo precaución de que nadie se diera cuenta. Allí esperé paciente dos horas. Eso es nada comparado a los cinco años que llevaba esperando por ese momento.


Cuarto paso: contar un cuento

Semejante susto se llevó don Luis cuando llegó a las 6 pm y me vio sentado en su sillón con mis zapatos puestos sobre el escritorio.

“¿Qué hace usted acá?” Preguntó con tono gritón, como de costumbre.

“Don Luis, por qué no se sienta. Quiero contarle un cuento.”

“Qué cuento ni qué hijueputas, usted está loco. Lo voy a despedir y voy a llamar a seguridad ya mismo!” Decía en tono amenazante mientras procedía a retirarse. Entonces comencé inmediatamente.

“El nombre Carmelina le debe sonar, cierto?” Entonces se detuvo cual si hubiera utilizado el freno de emergencia, se volteó pálido y me dijo.

“¿Qué quiere de mi y quién es usted realmente?”

“¿Llevo cinco años trabajando en esta empresa, conoce mi nombre pero no me reconoce? Qué poco detallista don Luis. Pero venga, por favor siéntese cómodo. Al fin y al cabo estamos en su oficina!”

Don Luis entonces procedió a entrar a la oficina, cerró la puerta y se sentó en la silla que estaba al frente mío. No se molestó en levantarme de su sillón, ese de cuero negro que reflejaba su poder.

“Espero le guste el cuento.”

Bajé mis pies del escritorio. Puse los codos en la mesa y mis manos debajo de la boca, con mis dedos índices apuntando a mi nariz, cual si fuera un analista político, y comencé.

“Hace cinco años murió alguien a quien usted conoce muy bien. Alguien a quien vio muchas veces en los juzgados. Esa persona era mi tía Amparo, que en paz descanse. Antes de morir, ella me confesó algo que yo no conocía hasta ese entonces y que daba respuesta al por qué mi madre no hablaba. Supongo que a mi madre tampoco es necesario que se la introduzca, cierto?” Pregunté, con odio evidente. “Pero qué tonto soy, si hablamos de introducir usted es el experto, no cierto, hijo de puta?!” Le grité, a la vez que golpeaba con mis puños el escritorio de don Luis. 

Me calmé, respiré profundo y continué. “¿Sabe qué odio de este país, don Luis? Dije. “Que todo, absolutamente todo, se puede comprar con dinero. Incluso la libertad. No cree usted?” No hubo respuesta alguna. Lo único que se reflejaba en el rostro de don Luis era una mezcla extraña entre resentimiento y miedo.

“Por qué no dice nada, usted que tanto le gusta gritar y maldecir.” Silencio. Ni una sílaba salía de su boca.

“Pero qué pena. Me desvié del cuento. Proseguiré.” Dije en tono obviamente sarcástico. “Yo pensaba que la mudez de mi madre era un mal de nacimiento, pero al parecer no era así. Mi tía me dijo que durante más de diez años estuvo yendo a los juzgados tratando de demostrar el trauma que había sufrido mi madre producto de una violación. El responsable, al parecer era un tal Luis Alberto Gómez. El problema de todo el proceso es que mi madre, además de no poder hablar por el incidente, tampoco quería ir a juicio por miedo a verle la cara a su violador. Por supuesto, como todo en Colombia se puede, el acusado pagó los mejores abogados del país y salió bien librado del proceso para poder continuar su vida de rico de manera impune.” Respiré profundamente de nuevo. “Lo peor de todo fue darme cuenta que yo era el producto del acto y por supuesto hijo del puto violador.” Me detuve, lo miré fijamente a los ojos y le pregunté:

“¿Usted sabía que por su culpa yo no le conozco la voz a mi madre? Don Luis, por qué putas la violó?!”

“Eso no fue violar. La conocí en una noche de fiesta. No me prestó mucha atención en un principio, así que la emborraché y listo. Lástima que estaba medio dormida cuando me la comí.”

“Definitivamente su ignorancia reluce…” Agaché la mirada, hice una mueca y continué. “La segunda parte del cuento, requirió de un elemento fundamental: paciencia. Aquel bastardo, al conocer la verdad respecto a su existencia decidió ir en búsqueda del violador. Al principio pensó hacer la más sencilla, o sea, pegarle un tiro y arreglar la situación. Sin embargo, el muchacho era inteligente y sabía que aquello le traería una tristeza más a su madre. Acto seguido, decidió conocer un poco más del violador y atacarlo donde más le dolía. Para hacerlo le costó unos largos cinco años.” Me detuve mientras saqué un revolver calibre 38 de mi chaqueta que lo puse sobre la mesa.

“¿Qué piensa hacer? ¿Está loco? ¿No acaba de decir usted mismo que dispararme le traería más problemas a su mamá?” Gritó, mientras se levantaba asustado de su silla. Mientras tanto, yo dejé el revolver en la mesa y me iba caminando despacio hacia la puerta. Finalmente le dije:

“No don Luis. Yo no le pienso disparar. El revolver es un regalo para usted, en vista de que ya no tiene nada. Cuando quiera, puede ingresar a todas sus cuentas, todas y cada una de ellas están en cero. Todas. Acá, en Estados Unidos, en Suiza, en Islas Caimán. Ni un peso, ni un dólar, ni un euro.” Me disponía a abandonar la oficina, pero entonces recordé algo fundamental. Volteé mi cabeza y con una sonrisa en mi rostro dije: “espero que ponga en práctica su motto, ese de sin dinero no hay vida.”

Cerré la puerta y me alejé caminando, esperando escuchar en cualquier momento el disparo de un arma que nunca sonó. Cuando llegué al primer piso del edificio y salí a la calle vi cuando se amontonaba la gente en torno a un viejo gordo que estaba vuelto mierda en el pavimento. “Seguramente no supo utilizar el revolver,” pensé.

Juan Camilo Marín

jueves, 27 de junio de 2013

¿Y dónde está el Gran Colombiano?


Antes de comenzar esta columna quiero aclarar dos puntos. Primero, así como sigo viendo a tanto colombiano criticando alrededor de la elección de Álvaro Uribe como el ‘Gran Colombiano’ creo que también estoy en todo el derecho de dar mi opinión al respecto. Segundo, aclaro – para alegría del amigo colombiano tipo 2 – que tampoco estoy de acuerdo con la elección del expresidente, no por el hecho de ser él, sino por el simple hecho de que para mí el ‘Gran Colombiano’ no puede ser un político. 

Si se trata de criticones y chismosos los colombianos estaríamos fuera de concurso. Si nos llaman a chismosear o a criticar decimos que por favor nos esperen un momento, pues nos encontramos ocupados chismoseando o criticando. Prueba de lo anterior es el hecho de que durante mi estadía en Holanda, obviamente lejos de mi querida Colombia, me he logrado enterar de casi todas las noticias, no porque las informen, sino porque las critican. Y por supuesto, el concurso del ‘Gran Colombiano’ no fue la excepción.

Y es que en medio de las críticas me he encontrado de todo. Está como siempre el colombiano tipo 1 que con argumentos y respeto se opone a tal decisión. También hay quienes resaltan el hecho de que es simplemente un concurso y por lo tanto no los representa como colombianos. Con estos últimos estoy de acuerdo – por ejemplo, el hecho de que Medellín haya sido seleccionada como la ‘ciudad más innovadora del mundo’ no la hace realmente la más innovadora. Finalmente, y como masa más representativa, están los colombianos tipo 2 que salen a decir que quienes votaron por Uribe en este concurso son ignorantes y paracos. 

Y entonces me pregunto yo, ¿quién sería realmente el ‘Gran Colombiano’?

Amigo colombiano tipo 2, usted que tanto critica, que tiene archivados todos los procesos contra Uribe en su casa sin necesidad de ser abogado, usted que todo lo sabe, podría responderme esa pregunta? 

Por lo menos me podría argumentar con claridad cómo un colombiano le puede aportar a su país llamando a diestra y siniestra a sus compatriotas ‘ignorantes’ o ‘paracos’ por el hecho de tener opiniones políticas distintas a las suyas? Usted se cree educado por ser detractor, pero al parecer el nivel de educación se le baja cuando de lanzar indirectas se trata. Eso de tratar de paramilitar a personas que simplemente votaron en un concurso es, además de ofensivo, cizañero.  Cálmese amigo colombiano tipo 2, Uribe no volverá a la casa de Nariño por este resultado, además, como lo dije anteriormente, en Colombia todo se puede ganar siempre y cuando sea por votación pública y con opción de repetición.

Pero volviendo al tema del concurso debo argumentar que el ‘Gran Colombiano’ estuvo para empezar mal arreglado. Y es que incluir a políticos, cantantes, deportistas, pintores, escritores, periodistas o señores que se murieron hace más de 100 años, no tiene sentido alguno. Razones para excluirlos me sobran, pero a continuación resalto las principales.

Para comenzar, excluir a un político es la más sencilla. Ellos no poseen desinterés ni amor por sus compatriotas, todo en su mente maquina entorno al poder, el altruismo en ese caso no tiene valor. Además, en Colombia, me han enseñado a no creer en políticos.

Excluir a un cantante es también sencillo. Muchos argumentan que Juanes o Shakira son grandes seres humanos por sus obras caritativas. Yo apuesto mi alma entera a que ninguno de ellos, en el comienzo de sus carreras, tenía como objetivo ser grande y reconocido con el fin de ayudar a otros colombianos. Estoy seguro que ellos soñaban primero con su propia gloria y el resto llegó por mera consecuencia. Además, un cantante – figura pública – que realice actos de buena fe seguro tendrá una mayor probabilidad de vender álbumes en un futuro. Finalmente, usted se ha preguntado cuánto de esas obras sociales representa en porcentaje respecto a lo que alguno de esos artistas puede llegar a ganar? Estoy seguro que si usted destina un  miserable día de salario en todo un año sería mayor en proporción que lo que ellos gastan. Aclaro, no digo que ellos sean ‘amarrados’, simplemente estoy exponiendo algunos puntos para reflexionar.

Los deportistas listados ahí – y en general todos – nos dan alegrías, pero seamos sinceros señores, qué hacen ellos por el resto de Colombia los 300 y pico días del año cuando no están jugando? Falcao alisándose el pelo, y el Pibe encrespándoselo. Insisto, no cuestiono que puedan ser grandes seres humanos, pero no para llegar a ese título del ‘Gran Colombiano’.

Incluir a pintores o escritores no tiene sentido. El arte es importante, es pasión y distracción, pero tristemente no cura el hambre. Las gordas de Botero o los cuentos de García Márquez poco pueden hacer respecto a la ignorancia de un pueblo. Adicionalmente, creo que una de las condiciones importantes de un ‘Gran Colombiano’ es el amor por su tierra, y yo me pregunto, por qué ninguno de ellos ha vivido en Colombia en las últimas décadas?

Contra los periodistas no tengo nada, pero me parece excluyente que los nombren. Su función es pública, y por supuesto, si es bien hecha pues será bien reconocida. Me parece injusto que los incluyan pues estarían ignorando la labor bien hecha de otros profesionales. Dónde quedan entonces los ingenieros o doctores que hacen extremadamente bien su trabajo, pero que por el hecho de no ser tan públicos no son reconocidos?

Finalmente, una cosa es la historia y nadie va a negar que por ejemplo Simón Bolívar es un gran personaje, pero por favor, si nos quedamos pegados de esos ‘grandes colombianos’ pues entonces simplemente no estaríamos reconociendo lo bueno que se ha hecho en Colombia en el último siglo. 

Ya sé qué está pensando amigo lector. Que tal vez estoy loco, que entonces estoy excluyendo a cuanto candidato posible existe. Sin embargo, no es así. Primero que todo, reconocerá que a los científicos como Llinás o Patarroyo no los excluí. La razón es sencilla. Ellos no tienen sed de poder, y si la tienen mejor, porque esa sed seguro les ayudará a descubrir cosas en pro de los demás seres humanos. Adicionalmente, hacen parte de un grupo de profesionales que no cuenta con reconocimiento público por naturaleza. Finalmente, me parece que ellos sí dedican gran parte de su tiempo trabajando para la humanidad, o sea, Colombia incluida. Sí, ya sé que alegarán que ellos tampoco ejercen en Colombia, sin embargo, ustedes sabrán más que yo que en mi país poco se puede hacer en investigación, más aún con lo que están haciendo de Colciencias. 

Pero para concluir este artículo debo decir, así suene a cliché, que el ‘Gran Colombiano’ ni siquiera está listado en ese concurso. Yo conozco a muchos que dedican todo su tiempo y los pocos recursos que tienen a otros colombianos. Estoy seguro que ellos ni siquiera se enteraron del concurso, o si lo hicieron, seguro votaron por quien les pareció más afín, nunca anhelando estar en tan mencionada lista. Es posible, amigo colombiano tipo 2, que hayan votado por Uribe, y estoy seguro que no son ni paracos ni ignorantes, y que además están haciendo mucho más por Colombia que lo que hacemos usted o yo cuando criticamos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Yo, el egoísta y desentendido



Lo siento amigo lector. El día de hoy no vengo con un cuento que nos aleje de la realidad para poder relajarnos o reflexionar. Hoy traigo a flote mi opinión sobre el proceso de paz en Colombia. Sí, ya sé que es un tema político y los temas políticos son aburridos, pero créame, hice mi mayor esfuerzo para ponerle un toque distino al asunto. Espero lo entienda o por lo menos le provoque ganas de mentarme la madre, a pesar de mi conclusión final.

Hablemos de política y de crítica política/social. En Colombia existen dos tipos de personas respecto a estos temas: los que critican lo malo, lo corrupto, lo desigual, lo que no cuadra y los que critican única y exclusivamente al ex presidente Álvaro Uribe y su legión de ex asesores/ministros, y medidas.

El colombiano tipo 1 es fácil de reconocer. Siguen destapando ollas sin importar el tinte político, siguen señalando sin importar intereses propios o ajenos. Continúan pensando que habrá una Colombia mejor en la medida que todos sepamos la verdad de las cosas. Los admiro y envidio. Hay que tener mucha paciencia y convicción para tal causa.

El colombiano tipo 2 es todavía más fácil de identificar. Ellos son los que twittean, postean, escriben, opinan y hasta sueñan con cuanta noticia podrida del ya retirado presidente y toda su gente. Ellos son los que de manera exclusiva – favor resaltar dicha palabra – siempre tienen un artículo o video montado en su muro en Facebook criticando las atrocidades cometidas en el anterior mandato. Para ellos no existen problemas o personajes actuales a quienes criticar. Si lo hacen es porque esos problemas o personajes son producto del gobierno de Uribe.

¿Y yo en cuál de estas dos categorías encajo?

Desde que comencé a tener uso de razón siempre he detestado un solo tipo de personas: los incoherentes. Odio cuando alguien promueve algo que no es, cuando critica y es el primero en hacerlo. Detesto al gordo que vende productos para adelgazar o al jugador de fútbol que promueve el colectivismo cuando no toca nunca la pelota. Me produce risa de ‘pero-que-idiota-es-este’ el que hace 5 años decía que nunca iría a Estados Unidos pero que hoy está haciendo fila para ir a sacar una visa e irse a pasear a Orlando o Miami.

Precisamente esta forma de pensar me llevó a mí mismo a analizar mi opinión respecto a muchos temas políticos, pasados y de actualidad. Después de mucho análisis y para no entrar en conflicto con lo que aborrezco llegué a una sencilla conclusión: no pertenezco a ninguno de esos dos tipos de colombianos, simplemente soy del tipo egoísta y desentendido que mientras se beneficie del sistema vivirá contento.

Y entonces, una vez definida mi tipo de estirpe política puedo preceder con calma a expresar mi punto de vista respecto al proceso de paz en Colombia.

Pero antes devolvámonos un poco en el tiempo para entender un poco más mi humilde opinión. Específicamente regresemos las cosas hasta el mandato Uribe. ¿Y cuál es mi opinión? Estoy totalmente de acuerdo con lo que se hizo. Señor lector, no me odie, ante todo tenga presente mi posición política. Recuerde, soy un egoísta y desentendido. Y es que como egoísta y desentendido el anterior mandato fue el perfecto para mí. La seguridad aumentó (esa que nunca hemos tenido realmente y que sólo se puede llegar a valorar cuando se vive en otro país, por supuesto, seguro). Producto de ello, la inversión extranjera volvió al país. Esto conllevó a que se mejorara en temas como infraestructura y movilidad, y que además otros países creyeran un poco más en Colombia (sí amigo tipo 2, deje la incoherencia y agradézcale algo a Uribe, que gracias a ese destello de “una Colombia más segura” es que ahora usted está paseando en Estados Unidos porque, después de haber intentando 14 veces que le dieran la visa al fin se la concedieron y por 10 años). Insisto y concluyo, para mí fue perfecto: pude pasear por Colombia, la economía se reactivó y la empresa en la que trabajaba vendió más, lo cuál representó un trabajo seguro para mí, de igual forma pude comprar la tan anhelada Fazer 600 cc, esa que luego me robaron cuando aquel ciudadano de poco carácter y mucho delineador en los ojos sacrificó lo poco ganado en seguridad por… bueno, hasta el día de hoy me estoy preguntando en qué está ganando Colombia, o mejor dicho, qué está ganando de lo cual me pueda beneficiar.

Lo siento amigo tipo 2, para mí no era importante eso del Agro Ingreso Seguro, las chuzadas, los falsos positivos ni nada por el estilo. Seamos sinceros, ese tipo de cosas siempre han existido, sino que cuando uno descuida algo por enfocarse en una estrategia pues se destapan las ollas. Igual, insisto, no me interesa.

Ahora sí regresemos al presente y miremos el proceso de paz. Y es que leyendo acerca del proceso de paz, de las opiniones y las opciones es que me di cuenta de la existencia de los dos tipos de colombianos. Volvamos un poco a esa ya realizada definición.

Para el colombiano tipo 1, el proceso de paz tiene muchas falencias, así como criticó las atrocidades que cometió Uribe también está criticando activamente el olvido enorme que el gobierno nacional está teniendo para con las víctimas de las FARC. Este colombiano es el que recuerda a la señora con el collar bomba, al burro bomba – bueno, en fin a todas las formas inhumanamente posibles de bomba – así como el sin número de secuestrados, algunos de ellos encerrados en corrales de alambres de púas cual si fueran animales con rabia y los desplazamientos forzados por la guerrilla, entre otros (millones de actos barbáricos). Este colombiano, en especial, no es tonto. Él sabe que le están metiendo el dedo en la boca a toda Colombia cuando este señor barbado, con gafas y semblante de ‘yo-no-mato-una-mosca’ se ríe en la Habana e insiste en seguir mientras sus tropas siguen secuestrando y matando en Colombia.

Para el colombiano tipo 2, el proceso de paz no existe. Eso es una realidad que no es digna de mencionar o criticar. Para él, lo primero y principal, es seguir celebrando que Arias está en la cárcel o que le abrieron otro proceso a Uribe, incluso, se atreve a comparar a Uribe con Hitler (estoy seguro que ese tipo 2 nunca ha estado en un campo de concentración nazi). Este colombiano critica las vallas de Francisco Santos por el sólo hecho de que él es un partidario de Uribe, para él las únicas víctimas son las de los falsos positivos, las de las FARC no cuentan.

Mi opinión sobre el proceso de paz es distinta. Después de analizar todo como va y por supuesto, teniendo en cuenta mi filosofía de no ser incoherente, debo decir que estoy de acuerdo con que se firme, y para ayer es tarde! Momento amigo lector, no se ofusque, recuerde, soy un egoísta y desentendido. Y es que como egoísta y desentendido lo mejor que me puede pasar es que aprueben esa carajada ya mismo. Si la paz se firma, seguro la seguridad se vuelve a mejorar, habrá más recursos para invertir en otras cosas distintas de la guerra, por fin la salud y educación serán foco importante en el país y entonces yo podré volver a mi querida Colombia a trabajar sin ningún inconveniente. Lo siento, pero yo como buen egoísta y desentendido no pienso en los familiares de la señora del collar o los secuestrados, tampoco pienso en los millones de desplazados por la violencia o en el hecho de que algún día no muy distante aquel señor barbado con cara de ‘yo-no-fui’ se lance de político y hasta lo elijan y luego en ese futuro no muy distante quien se atreva a dispararle o hacerle daño será tachado como un terrorista. No, ese tipo de ironías no son de mi incumbencia. Me desentiendo.

Pero bueno, como yo no soy quien firma tan mencionado papel prefiero seguir con mis deberes. Me iré a dormir un poco, porque por fin pude escribir algo que tenía metido en la cabeza y ya estoy tranquilo. Los que me conocen de verdad sabrán sacar lo verdaderamente importante de esta crítica. Los que no me conocen dirán que estoy loco (en cierta medida es cierto). El colombiano tipo 1, como los que me conocen, tratará de sacar lo que vale la pena en estas palabras. Por su parte, el colombiano tipo 2, no habrá terminado de leer el texto pues a mitad del camino identificó que esto no era una crítica exclusiva – tener  de nuevo en cuenta esta palabra – al gobierno de Uribe.

Como conclusión final sólo debo decir que me importa poco o nada sus críticas o aportes, pues como buen desentendido y egoísta sólo importa lo que yo diga, nada más.